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Terra
La Coctelera

La muerte en medio de los sueños

El frío de los muertos en medio de los sueños

Por: Natalia Carolina Rodríguez León

El sol espantaba las nubes y ella miraba el cielo como buscando la ayuda de un ángel que la acompañara mientras pasaba por ese espeluznante lugar.

Una corta instrucción antes de adentrarse en el frío y sombrío mundo de los muertos. Las primeras pisadas y un viento aterrador, que le ponía la piel de gallina, un sonido extraño que salía de los mausoleos con tumbas desocupadas, causado por las palomas que revoloteaban todo el lugar; casi un pueblo fantasma, con sus paredes con hileras enteras de tumbas, con fotos, cintas y flores marchitas , de la ultima visita a ese familiar olvidado.

El silencio cubre todo el lugar, las pisadas se escuchan nítidamente, y como susurros entre las calles de muertos se escuchan las hojas de los árboles que se mueven al son de la brisa que traspasa aquel lugar. Una mirada va otra viene, y comienza el paseo por el cementerio central.

Camina pensando en el ángel de la muerte , ese mismo que vio a la entrada, del cual huyó, porque su cara no es nada angelical, ese que esta esperando que los muertos resuciten y espera no estar viva en medio de ellos cuando llegue ese momento .pero sigue en la búsqueda de algo bueno que contar, ve los mausoleos, de ricos y pobres , que ni aun muertos pueden igualar, los ricos enterrando a sus ricos, con paredes de mármol, con lápidas de bronce y leyendas que parecerían en oro, y los pobres, como siempre desdichados hasta el final, con intentos de lápidas, cemento puro que antes de secar dejo marcar , de seguro con un palo el nombre de el difunto familiar. Ni la muerte al parecer hace que la igualdad se pueda notar, aunque a fin de cuentas en polvo todos debemos terminar.

Sigue su trayecto y encuentra el mausoleo de Cervecería Bavaria s.a . un lugar bien extraño, donde las palomas parecen gozar y eso que son solo tumbas porque de seguro las palomas parecen pensar que el abastecimiento de bavaria esta cerca y se ponen a bailar. No salen de allí, y esto causa curiosidad, por esto se detiene unos instantes para observar la única fiesta que puede existir en este conmovedor lugar.

Las rejas que acompañan los mausoleos, los hacen más tétricas, no se sabe si los colocan para que no se roben las lápidas de mármol y bronce, o si no quieren que el cuerpo salga de su ataúd. Acercarse a los mausoleos es algo intimidante porque no se sabe con que pueda encontrarse adentro, si con simples lápidas y flores marchitas, o con las palomas que se vienen de frente y logran sobresaltar hasta el más valiente.

No hay uniformidad en las tumbas ni en los mausoleos, por un momento ella se perdió entre las tumbas y encontró que cada pared era diferente, que así como podían existir las paredes con siete filas de cadáveres, también podían existir osarios en los que podían haber mas de diez por fila y no se cuantos por columna, y entre eso, tumbas extrañísimas parecidas a las de la época de los Adams, con colores extravagantes pero lúgubres, de fácil recordación.

De pronto se acerca un hombre, de unos cuarenta años con su cabellos reflejando los años, vestido de una manera muy humilde; lleva en sus manos unas margaritas blancas, de pronto logra mirar su rostro y deja caer una lágrima, da un beso con la mano a la lápida y saca de su camisa un rosario, y comienza a rogar por el alma de la persona que está ahí enterrada, al parecer familiar, aunque personas que pasan su tiempo visitando tumbas aseguran que muchas personas hacen promesas y las penitencias son ir todo un día a rezar por el alma de cada uno de los que están allí enterrados.

Ya decide salir de ese lugar , pero el vigilante de la entrada de recomienda ver dos tumbas más, una la de Garavito, y la otra, la de una mujer que al parecer era una "prostituta", a quien las personas como, traverstis, prostitutas y de diferentes preferencias sexuales, van los días lunes, el día de las ánimas, a pedirle deseos y a rezarle. Lo más extraño de ésta tumba es que no tiene lápida solo está acompañada de un muro blanco en el que está escrito con tinta negra, "no colocar velas ni objetos en este lugar", pero el olor es bastante desagradable, es una mezcla de esencias y olores algo extravagantes

que ella no logra soportar, pero que su ansia de investigar logra aguantar; la tumba de Garavito esta cercada por una rejilla azul claro, y tiene un muro gris de cemento en el que en la parte superior hay una pluma pintada, y en su parte izquierda, una nota en marcador negro que dice "Por favor, cuida a mi familia, ayúdanos para que todo salga bien", una suplica , de alguien que cree que él podrá hacerle el milagrito, su olor es el mismo que el de la "prostituta", una mezcla de aromas algo repugnantes y medio escalofriantes que hacen sentir nuevamente el escalofrió de la entrada al lugar; pero a pesar de eso hay algo más, una mancha negra en la parte inferior de la tumba, podría ser hecho por las velas que han dejado encendidas allí, pero que viéndola de cerca permite ver algo semejante a un rostro de hombre, algo realmente extraño y lúgubre que le imprime misterio a la tumba de este personaje.

Sigue el camino y pasando por la derecha de estas tumbas encontró, una estatua, al parece en bronce, de un hombre como prensando, sobre una tumba en la que en ese momento hay una mujer, colocando flores en sus brazos, en sus piernas y en todo el contorno de la tumba, ella después de adornarla, saca un papel como de la nada y comienza a hablarle mientras le toca el brazo, intentó escucharla , pero eran solo susurros, súplicas, pero nada que se pueda anotar; la mujer se aleja , y ella invadida por la intriga decide acercarse para poder ver quien es el galardonador de tantas flores, seguramente alguien importante, pero solo logra ver un nombre Kopp, un hombre que murió hace muchos años, pero que no tiene ninguna anotación en especial. Ella decide alejarse al observar que no había nada más que pudiera utilizar para identificar quien había sido ese hombre, pero al retirarse, se da cuenta que hay un hombre haciendo fila para poder subirse a ese lugar, el hombre se acerca, pero espera a que ella, se retire un poco, ella entiende que él quiere privacidad, y se aleja un poco, sin quitar sus ojos de aquel hombre, que luego se acerca, y comienza a susurrarle en el oído, como si esta estatua pudiese escucharlo.

Ella ya después de ver tanta cosa extraña, se dirige a la entrada, y el vigilante vuelve a hablarle, le pregunta si pasó por la tumba de Kopp, ella responde afirmativamente, y el le asegura que kopp si cumple los milagritos, que a él le había dado una moto, ¿Cómo? Ni idea, pero el vigilante asegura que si se le pide con fe el cumple.

Entrada decide anotar las últimas palabras de este señor en su libreta, ya ha culminado su visita, y ahora tiene mucho de que escribir, casi toda una aventura, algo escalofriante y extraña, pero que le permitió entrar a otro mundo, no el suyo, el de los muertos que las personas buscan para lograr aquellas cosas que por sus propios medios no pueden lograr

El tiempo pasa y con ellos se desvanece la historia...


El tren ya no pasa y con el se fue la historia

La alegría de sus gentes y el caramelito rojo se extinguen como se extinguió el uso del tren.

Por: Nathalia Rodríguez L.

Una flota llena de gente, una música de Charrito negro, acompañan el viaje hacia Zipaquira, una nueva aventura para contar.

Un pueblo que intenta convertirse en ciudad, construcciones a medio terminar y un parque desierto que los zipaquireños se niegan a aceptar. Ellos mismos dicen que la historia de su tierrita se ha olvidado por los intentos de los políticos que los han intentado modernizar.

Son las 8:30 de la mañana, un domingo y mientras la gente camina por sus calles, se ven acompañados de soledad. Porque el centro del pueblo se encuentra vació, la historia de sus años de gloria pasea por las pocas casas que no han acabado con su parte colonial.

Balcones grandes enmaderados que dejan imaginar la época de aquellos políticos que les quisieron gobernar y que hicieron de ese pueblo una propiedad liberal.

Por fin en el centro, una plazoleta que tiempo atrás era utilizada para la venta del mercado, y que ahora se ve desolada, y su único atractivo es la catedral que llama más la atención denoche que de día. Pero para esa hora del día se ve sola, tan solo se ven algunos cristianos intentando llegar a tiempo a la misa que avisa la camapaña final.

Las casas que rodean la plaza central del pueblo están adornadas con balcones y cada una de ellas tiene impreso en piedra algo del recuerdo de lo que representaron algún día; su historia se percibe en el aire, pero ya ni su tren funciona para atraer a otros que quieran indagar en la historia de aquel lugar.

En la plaza de cemento solo se pueden ver a traes hombres con caballitos de juguete, que trabajan dejando el recuerdo de su pueblo que a pesar de todo tiene mucho que contar. Oswaldo, Jorge y Pantoja, tres hombres mayores que le sonríen a la vida, capturando momentos de alegría de las personas que todavía van a zipaquira.

Don Oswaldo Cadena, el payaso, uno de estos hombres accede a contarnos de su pueblo, de la zipaquira que tanto añora porque según el “todo tiempo pasado fue mejor”; y hace énfasis en el tren turístico, que ayudaba a la economía y permitía “ganar más platica” gracias a que en esa época las empleadas del servicio iban mucho y les gustaba retratarse.

Dice que su pueblo tiene mucha historia, pero que ya casi nadie recuerda lo que fueron los tiempos en los que la emisora del pueblo hacia servicios sociales, y el tren traía a los reclutas que pasaban para Bogotá, que se comían todo lo que encontraban a su paso. Las arepas amarillas, los caramelitos rojos, la mazamorra, entre tantos otros manjares que vendían en esa gloriosa época en la que pasaba el tren.

Personajes vivieron en sus casas y recuerda con cariño al maestro Guillermo Quevedo Zornoza, el compositor del himno zipaquireño, un ilustre maestro que recuerdan con cariño porque les enseño a cantar en la época escolar, y a quien hasta el Nóbel se atreve a recordar diciendo “Nunca supo el maestro Guillermo Quevedo Zornoza, ni me atreví a decírselo, que el sueño de mi vida en aquellos años era ser como él”.

Pero así como ilustres personajes, vivieron y pasaron por zipaquira, no podían faltar los personajes de la vida popular que llenaron de recuerdos y anécdotas graciosas a los habitantes de aquel lugar, uno de ellos fue la "tuerta" Teresa, una mujer que vivía del trabajo en la plaza de mercado cargando bultos, quien terminó casada con un "papero", pero que recuerdan con mucho agrado porque su labor no la desempeñaba ninguna otra mujer y menos con su discapacidad física. Bueno, aunque lo llamativo de la historia fue que comenzó cargando bultos y termino casada con un hombre adinerado, con quien tuvo una hija, y bueno como todos los finales no pueden ser felices, después de su muerte la hija malgasto lo que tenían y se dedico a criar los hijos del pueblo.

Alguien que es remotamente recordado es el ex campeón ciclístico Efraín Forero, a quien llamaban el indomable de Zipa; quien en sus épocas de gloria fue reconocido y animado por todos, pero que ahora al parecer viven la ciudad de Bogotá, manejando un bus de servicio público. Así como ellos pasaron los cuentos de la sin sombrero, el bobo del pueblo, el loco, el payaso; y lo llamativo de esto es que el payaso es Don Oswaldo, quien hace monerías para que los niños miran la cámara y salgan sonrientes y el loco, es don Jorge, un hombre que cuenta historias y le critican sus amigos por tener tantas amantes.

Como todo pueblo, zipaquirá tiene su historia, una de políticos liberales y de personas que se volvieron famosas y que “como nadie es profeta en su tierra” terminaron siendo reconocidas mas a nivel internacional que nacional, y para eso tenemos a la Familia Quevedo Zornozo, familia de ilustres, pintores y músicos, que pocos conocen pero que en zipa recuerdan con cariño.

El viaje llega a su fin y queda para la memoria las sonrisas de estos hombres que muy cordialmente nos brindaron hospitalidad y contaron sus historias; y una vez más notamos que no siempre el supuesto progreso ayuda a un pueblo, sino que por el contrariocontribuye a la pérdida de su historia y sus recuerdos.

El tren desapareció, queda el recuerdo de un vagón en el parque que nadie quiere; los fotógrafos cada día tienen menos trabajo porque no solo hay carencia de turistas, sino que la tecnología les quita su labor, y lo único que queda de zipa llamativo, es la excelente catedral de sal, que es más reconocida a nivel mundial que en la misma Colombia.

Una mente que nadie se atreve a explorar

¡Será conocido por no querer darse a conocer!

En su cabeza se entrelazan las ideas locas de un artista bohemio que no quiere darse a conocer por el miedo de ser entendido por los demás.

Una sombra extraña le acompaña, una sonrisa discreta y el reflejo de una vida intensa y unos sueños por alcanzar; a su corta edad ha vivido lo que para muchos sería vivir la vida antes de tiempo, pero todo esto le inspira a la hora de pintar.

Siempre usa un gabán negro y unas raiban que tapan su mirada un tanto seria y apesadumbrada que no permite ver lo que sería el reflejo de su alma, pero que guardan muy bien el secreto de aquellos años, que hasta el mismo quiere olvidar.

Éste es un hombre colombiano, que por sus venas corre la sangre de Argentina, gracias a que su padre tiene dicha nacionalidad, pero de quien se niega a hablar porque con rabia recuerda aquellos años en los que él no supo estar y que dejó solo a un niño que necesitaba de una figura que imitar, y a quien en resumidas cuentas no quiere ni siquiera amar.

La juventud de este hombre refleja años, los años mozos de ese ser que lo abandonó cuando tan solo era un pibe, y quien se encargó de llevarlo a adentrarse en un mundo en el que no puede diferenciarse entre el bien y el mal.

Siempre lleva un cigarro en la mano o un habano argentino, una copa de brandy y un lapicero, prestos a anotar las ideas oscuras y locas de un alma que aún no encuentra la paz. Sus versos están rotos y sus manos solo atinan a pintar los ojos de su amada con quien espera un día poder estar.

Raphael Draco Arienza es tan solo un hombre de 27 años, pero su vida es un carnaval de pensamientos y talentos por desarrollar: pinta , escribe, canta y toca su guitarra como solo él podría hacerla tocar, un par de acordes lo hacen evocar las historias que un día dejara contar.

Una murga, un tango, un compás, surgen de cada una de sus vivencias y de un beso sin terminar porque para él ponerle fin a uno de sus cuentos es darle la razón al mundo en el que vive y a quien no piensa apoyar.

“Sos la murga que nace en la entraña del malón
De la raza que destila este sudor,
Con un ojo emparchado y un cacho de corazón
Cuando se pone pura grasa la pasión...

Al suburbio mundano que no tiene escalafón
Donde pintan buenos-malos, qué sé yo...
La tristeza es un vaso que también se desfondó
Ese día que al tum-tum la gambeteó...”

Una murga que surge de sus más intrínsicos amores, que ni él mismo se atreve a revelar, pero que le llenan de inspiración para volver a agarrar el lápiz, sus hojas y volver así a dejar que sus versos locos sean plasmados para que en lo posible no lo vea nadie más que la musa inspiradora de tan memorables versos que no van a ir más allá.

En su mundo solo habitan las dos mujeres que más ama en la vida, su madre y hermana, que le acompasan los caprichos a este hombre que aparenta ser el más tosco, pero que en su hogar se convierte en niño consentido y caprichoso que nunca nadie más conocerá. Su madre, la más esforzada que siempre ha sabido acompañar a este hombre loco que no entiende cuál es su realidad; y su hermana , la niña de sus ojos, una joven de 20 años, que siempre ha sabido acompasar los arrebatos de su hermano, un suertudo cuando se trata de amar.

Ha llevado una vida de altos y bajos, una carrera sin empezar, el sueño de volver a cantar y hacer que su música vuelva a sonar. Pero distante, sobria y oscura, se ha vuelto su manera de laburar, porque siente que ha perdido algunos años de sus metas por alcanzar. Trabajó en Cámara, durante cuatro años, y sabe que lo que hace en ese lugar ha sido tan bueno que debe cambiar, y esperar a que otros puedan apreciar su increíble ingenio a la hora de crear.

Pero él no busca reconociendo, no quiere fama y no quiere lucrarse con su ingenio; no anhela publicaciones, ni espera que todos lean lo que él no se esfuerza por terminar. Sus allegados, que han podido apreciar algunos de sus escritos, pueden opinar sobre el estilo de esta persona que no le importa si para el resto está bien o está mal; para muchos los escritos de personajes colombianos son el mejor texto que se puede encontrar, pero él no le encuentra gracia a decir lo que ya ha dicho alguien más.

Juan Manuel Roca, un buen amigo de él se disgustó un día porque Raphael tuvo la osadía de decirle que sus escritos no eran realmente buenos; riñeron por un par de semanas, pero al tiempo pudieron volver a hablar. Entonces Roca por primera vez leyó algo de Draco, en el que por fin pudo encontrar, detrás de algo realmente oscuro, una luz de algo de amor, que deja sensación de esperanza, algo que en un escrito de Raphael es casi imposible encontrar.

Ahora no escribe como antes, ni dedica tanto tiempo a pintar, pero espera dentro de poco poder partir de Colombia para poderse dedicar a hacer lo que realmente le gusta: estudiar dramaturgia, pintar y escribir; y así un día poder encontrar la paz que le falta y el amor al que no puede brindar seguridad mientras no lleve a cabo esos sueños que aún no ha podido alcanzar.

Su vida se traduce en sombra y oscuridad y en sus ojos oscuros, la niebla de un demonio, que él reconoce y quien le lleva a actuar de la manera más extraña, haciendo que los días más felices se conviertan en ausencia de afecto, la ausencia de unos recuerdos que ni el mismo entiende, y que le niegan la posibilidad de demostrar amor, que de seguro habita en él, pero que cohíbe por el miedo a que el dolor pueda llegar.

Así se refugia en Bumburi y Calamaro, dos artistas que en algo logran encajar con el pensamiento sombrío de este hombre que cataloga a Dios como un director de realities, en el que él participa, pero a quien no le pide porque cree que él solo puede lograr lo que desea sin necesidad de pedirle a alguien más.

“Yo no puedo
hacer más nada
que tragarme
de inmediato
la cicuta,
ése veneno.
Y en días
cómo hoy
que el dolor
y la embriaguez
son evidentes
no puedo,
hacer otra cosa
que pedir
ésa pócima inalterable
en vaso corto.

Algo de lo que ha escrito, pero talvez no su mejor texto, solo el reflejo de su forma de escribir y de lo que habita en su mente. Un territorio que nadie se atreve a explorar porque en "la cabeza de un artista cualquier cosa puede pasar".